Crisis u oportunidades

Las crisis financieras de los últimos años, desde las hipotecas subprime hasta la pandemia de Covid-19, han puesto de manifiesto las debilidades del sistema económico y la necesidad de adaptación frente a perturbaciones de gran magnitud. Para regular el sobrecalentamiento o la ralentización de la economía, el banco central sube o baja los tipos de interés oficiales. Estas actuaciones provocarán un aumento (quantitative easing) o una disminución (quantitative tightening) de la masa monetaria disponible en la economía. 

Las consecuencias de estas medidas a más largo plazo, como la inflación, ponen de manifiesto los límites de las actuaciones del Estado y del banco central como soluciones duraderas.

Ante una situación todavía incierta, ¿qué enfoque adoptar?

2023 : la crisis inflacionista

La inflación es un aumento general y sostenido de los precios. Registró una subida notable en 2022 y alcanzó niveles no vistos en muchas décadas.

Por un lado, el periodo poscovid estuvo marcado en Francia por una acumulación significativa del ahorro de los hogares, que se inyectó en la economía para sostener la recuperación y provocó un aumento de la demanda. Durante la pandemia, los hogares se vieron obligados a limitar su gasto y acumularon así un ahorro considerable, que ascendía a unos 175.000 millones de euros en 2021. Ese ahorro se liberó al calor de la recuperación económica, lo que impulsó la demanda.

Por otro lado, las tensiones geopolíticas y los conflictos internacionales han perturbado las cadenas de suministro mundiales, en particular las de materias primas. La guerra en Ucrania ha tenido un impacto significativo en los precios de la energía, especialmente del gas y del petróleo, así como del trigo. Estas subidas han repercutido directamente en las empresas, que han visto aumentar sus costes de producción. Las medidas sanitarias también han restringido la capacidad de producción, lo que ha provocado un descenso de la oferta.

Esta coyuntura de aumento de la demanda y descenso de la oferta explica la aparición de la inflación. 

Paralelamente, las insolvencias empresariales registran un aumento continuado. En su último comunicado, el Banco de Francia indicó que el número de empresas en situación de insolvencia ascendió a 49.863 a finales del mes de julio (lo que supone un aumento del 1,3 % respecto del acumulado de los doce meses anteriores). 

Para combatir la inflación, el BCE (Banco Central Europeo) inició una política de subida de los tipos de interés en julio de 2022, situando el tipo de la facilidad de depósito en el 3,75 %. A modo de comparación, hace un año (julio de 2022) ese mismo tipo se situaba en el 0,00 %.

Esta incertidumbre sobre la inflación ha llevado a los inversores a exigir una prima de riesgo más elevada para invertir en bonos a largo plazo. En efecto, los inversores se muestran menos dispuestos a invertir en bonos a largo plazo cuando la inflación es elevada, por temor a sufrir pérdidas de capital.

Esta subida de los tipos de interés a largo plazo podría, por tanto, tener un impacto negativo en el crecimiento económico, ya que resultaría más costoso para las empresas endeudarse, lo que reduciría su rentabilidad y su capacidad de inversión.

¿Cuáles son las oportunidades y cómo optimizarlas?

Durante este periodo de desaceleración de la actividad económica existen varias formas de invertir y de asegurar las inversiones.

Se observan en las empresas distintas estrategias de inversión de sus excedentes de tesorería.

A corto plazo, con vencimientos de hasta 2 años, las inversiones a tipo variable permiten maximizar el nivel de remuneración aprovechando las subidas de los tipos interbancarios (€STR, euríbor). Los fondos monetarios recuperan asimismo el interés de los inversores, que disfrutan de liquidez diaria en estos productos.

Para una tesorería más estable, es el momento oportuno para fijar un tipo fijo a un vencimiento largo. Aunque hay poca visibilidad sobre la evolución de la inflación y sobre las consecuencias de la política monetaria del BCE, los analistas prevén un retorno de la inflación al 2 % a más tardar en 2025. Los tipos del BCE están, por tanto, llamados a bajar progresivamente. Por ello recomendamos posicionarse en inversiones a tipo fijo a largo plazo. 

Para una tesorería más dinámica, la subida de los tipos devuelve atractivo a los productos estructurados. De hecho, el contexto de tipos elevados permite a los bancos garantizar el capital en vencimientos más cortos y ofrecer niveles de cupón elevados. Los bancos son ahora capaces de garantizar rentabilidades fijas, incluso en caso de caída de los mercados. 

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